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Armando Albert Martínez. Promotor de la biotecnología en España

Armando Albert falleció en Madrid en diciembre de 2019 a los 88 años. Su pérdida ha causado gran tristeza entre las personas que tuvieron la oportunidad de conocerlo y trabajar con él durante el tiempo que ejerció como investigador en el ámbito de la química de proteínas o como político como director de programas de investigación. 

  • Armando Albert (Jr.)

  • Instituto de Química-Física Rocasolano, CSIC, Madrid

Nació en Valencia donde se formó como químico. Se doctoró en Madrid y, después de realizar una doble estancia posdoctoral en las universidades de Cambridge y de Dublín, y un año sabático en el Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos, estableció su grupo de investigación en el Instituto de Química Física Rocasolano del CSIC, convirtiéndose en el profesor de investigación más joven de la época. Apostó decididamente por el estudio de la relación estructura-función de proteínas, convirtiendo su laboratorio en un punto de referencia de investigadores con esta inquietud. Junto a otros bioquímicos españoles, participó en la organización de la primera reunión nacional de biofísica en Barcelona y promovió la participación española en diferentes sociedades científicas internacionales como la Unión Internacional de Biofísica. 

 

En 1982, tras la llegada de los socialistas al gobierno, se involucró en la política científica del país. Su trabajo en la Dirección General de Investigación impulsó el desarrollo de la biotecnología en España, siendo uno de los responsables de la implantación del programa de Biotecnología del Plan Nacional de I+D. Posteriormente, el equipo formado por Emilio Muñoz, Vicente Larraga, Pilar Tijeras y él mismo, fue clave para la modernización de la estructura del CSIC luchando, aun sin definirlo como tal, por su vertebración como agencia independiente.

 

Fue fundamental para la creación del Centro Nacional de Biotecnología. Consiguió que el proyecto aprobado para la fallida creación del centro internacional de biotecnología de la ONU en España se mantuviera y se dedicara a la creación del CNB. Sin lugar a dudas, un hito en el desarrollo de la biotecnología y la biología molecular en España. Posteriormente, como vicepresidente de ciencia y tecnología del CSIC, diseñó y promovió el centro en su configuración actual.

 

Tuvo también la visión de anticipar la importancia de la biotecnología en el ámbito industrial, de forma que impulsara significativamente la economía y el desarrollo social del país. En ese sentido, contribuyó de manera decisiva a la creación de la Sociedad Española de Biotecnología, de la que fue el primer presidente. Muy probablemente esta labor, realizada hace 30 años, contribuyó a que en la actualidad la OCDE sitúe a España en el “top 10” de los países con mayor desarrollo del sector biotecnológico. 

 

 

En cuanto a su participación en programas internacionales, trabajó como representante nacional en múltiples comités científicos, principalmente en los programas de Biotecnología y Biomedicina de cuatro programas Marco de la Unión Europea; en el programa de cooperación científica entre España y la norteamericana National Science Foundation, así como en el programa científico de la OTAN. En todos ellos demostró la independencia de juicio para la evaluación de méritos, un riguroso criterio de oportunidad dentro del marco del interés general, capacidad de análisis para la integración de objetivos y de equipos individuales en proyectos más ambiciosos, y capacidad negociadora para buscar consensos y llegar a acuerdos entre grupos internacionales con intereses, a veces, contrapuestos.

 

Generosidad, compromiso y empatía, son algunas de las características del carácter y de la inteligencia de Armando Albert; todo ello, junto con una dedicación al trabajo fuera de toda medida. Estas cualidades las compaginaba con una vida interesante e inquieta en otros campos y con una capacidad espectacular para disfrutar de todos los momentos. Pocas veces vi trabajar a mi padre en casa o los fines de semana, disfrutaba con su querida esposa, Paloma de la Cruz y, con nosotros, sus tres hijos, del tiempo libre, de la gastronomía valenciana, del cine de verano en Denia, de la lectura o de discusiones sobre la política actual. Jubilado, mantuvo la misma actitud con sus nietos y conservando a sus amigos de la ciencia. Su familia, amigos y colaboradores estamos tristes por su ausencia pero, seguro que con el tiempo, su recuerdo será dulce.

 

En la redacción de esta nota han contribuido Arturo García-Arroyo, Emilio Muñoz y Carles Solà. 


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