A+ A-


El coronavirus y el big data

La pandemia de COVID-19 ha provocado un tsunami investigador, con flujos abiertos de información constante y a tiempo real en todo el mundo con el objetivo de comprender la enfermedad, rastrear su propagación y analizar el agente causante de la pandemia: el virus SARS-CoV-2. El trinomio ciencia-velocidad de publicaciónrigor está en el punto de mira.

  • Ismael Gaona Pérez

Una de las cuestiones que he ido revisando durante las últimas semanas ha sido el crecimiento exponencial de la producción científica desde que el pasado mes de diciembre se hiciera público el primer caso de SARSCoV-2 en Wuhan (China). Hay quienes aseguran que el virus estaba circulando meses antes, pero que no fue hasta finales de 2019 cuando no dio la cara. Los estudios confirman que desde diciembre ya se estaba escribiendo del SARS-CoV-2.

 

Desde entonces hasta el día de hoy se han producido más de 7.000 artículos en lo que ya se ha considerado como la mayor concentración de recursos científicos para solventar un problema en tan breve espacio de tiempo. Sin embargo este extraordinario flujo ha dejado en el aire varias cuestiones.

 

La primera es cómo se ha puesto orden a esta avalancha de conocimiento para que este sea accesible.

Daniel Torres-Salinas (UGR) es autor del artículo Ritmo de crecimiento diario de la producción científica sobre Covid-19. Análisis en bases de datos y repositorios en acceso abierto. El investigador andaluz subraya que una de las respuestas colectivas por parte de las editoriales ha sido la creación de centros de recursos que unifican en una única web y en acceso abierto todo aquello que se va publicando sobre Covid-19.

 

 “Así, las multinacionales de la edición de como Elsevier, Springer o Emerald han adoptado esta política. Las grandes revistas científicas, especialmente las de biomedicina, también están haciendo frente a este escenario compartiendo todas sus publicaciones: JAMA, BMJ, Science, Oxford, Cambridge o New England. Asimismo, los repositorios, por su rapidez y eficacia en transmitir la información científica, están en el centro de las miradas y la mayor parte facilita en sus páginas de entrada consultas rápidas a sus preprints, como ocurre en arXiv, y otros, como Zenodo, han creado comunidades que recopilan los trabajos más relevantes”. Y se hace una pregunta que él mismo contesta en su artículo: “¿cuál es el volumen, en términos de publicaciones, de la investigación sobre el Covid-19?”

 

Pues bien, según Torres-Salinas el ritmo de crecimiento a nivel global es de 500 publicaciones diarias en los últimos días y la producción se duplica cada 15 días. “En el caso de PubMed el crecimiento semanal está en torno a las 1.000 publicaciones, tanto en Dimensions como en LitCovid. De los ocho repositorios analizados se sitúan a la cabeza PubMed Central, medRxiv y SSRN, a pesar de la enorme contribución de éstos las revistas siguen siendo el núcleo de la comunicación científica”.

 

Una particularidad es que tres de cada cuatro publicaciones sobre el Covid-19 están disponibles en acceso abierto. “Estas cifras exigen una respuesta de los profesionales de la información ante una explosión de información sin precedentes que nos sitúa en el centro de la pandemia informativa”, aclara en su paper.   “En este contexto la eficacia del sistema de comunicación y publicación científica y sus elementos (revistas, revisores, bases de datos, repositorios) están siendo puestos a prueba ante una enorme cantidad de conocimiento generado en un breve lapso de tiempo, que no tiene precedentes”.

 

A la luz de los resultados de este trabajo, el reto actual no sólo atañe al ámbito médico, sino que también exige una respuesta de los profesionales de la información a la altura de las circunstancias.

 

 

El segundo de los peligros es que la velocidad de las publicaciones podría matar el rigor.

La Ciencia nunca ha sido amante de la velocidad y los denominados preprints (preimpresiones), una versión de un manuscrito antes de la revisión por pares -que certificarán o no su publicación formal en una revista- están cobrando una fuerza colosal. El Covid-19 ha alentado en particular este nuevo formato de preimpresiones y China parece ser quien ha presentado menos problemas en adaptarse. Y así, según un artículo de la agencia Reuters, los investigadores del gigante asiático representan casi el 62% de los estudios de preimpresión y están presentes en más de la mitad de los trabajos de investigación sobre Sars-CoV-2.

 

Nature publicó un artículo en abril bajo el título China is tightening its grip on coronavirus research. Parece ser que Beijing ha obligado a sus investigadores a acogerse a una cláusula de silencio antes de que sus artículos sean revisados y publicados. Los científicos dicen que estos cambios responden a la búsqueda de un mayor rigor en los resultados. Otros académicos sugieren que este freno es un intento de China por controlar la información sobre el inicio del brote.

 

Reuters ha realizado un magnífico trabajo al respecto. Al menos 153 estudios -incluidos documentos epidemiológicos, análisis genéticos e informes clínicos, que examinan todos los aspectos de la enfermedad- se han publicado desde el comienzo del brote. Más de 675 investigadores de todo el mundo participaron en estas actividades. En comparación, durante el brote de SARS de 2003, llevó más de un año publicar incluso la mitad de ese número de estudios.

 

Richard Horton, editor en jefe del grupo de revistas científicas y médicas The Lancet, subrayó en esa entrevista que esta carrera perjudicará el desarrollo de terapias para combatir el virus.  

 

“El público no se beneficiará de los primeros hallazgos si son defectuosos o publicitados”, ha asegurado Tom Sheldon, especialista en comunicaciones científicas en el Centro de Medios Científicos de Gran Bretaña. Sheldon subrayó que la amenaza planteada por el nuevo coronavirus requiere que la información se comparta de forma rápida y libre “sin ser sometida a revisión por pares y eso está causando problemas”.

 

En el caso de los preprints, el análisis de Reuters escaneó material en Google Scholar y en tres servidores (bioRxiv, medRxiv y ChemRxiv). De los 153 estudios identificados, alrededor del 60% eran preimpresiones. Algunas de estas preimpresiones se compartieron ampliamente en las redes sociales y fueron recogidas por numerosos medios de comunicación, difundiendo aún más los hallazgos al público.  

 

Sin embargo, parte del material que se ha publicado en estos servidores no ha sido útil. “Ya sean noticias falsas o información errónea o rumores, ciertamente ha contribuido al miedo y al pánico”, sugirió Horton.

 

En este sentido, BioRxiv ha agregado una etiqueta amarilla de advertencia en la parte superior de cualquier nueva investigación sobre coronavirus. “Estos son informes preliminares y no han sido revisados por pares. No deben considerarse como concluyentes, ni guías para la práctica clínica/comportamientos relacionados con la salud, ni ser reportados en los medios de comunicación como información establecida”.

 

Un ejemplo fue el trabajo de científicos en Nueva Delhi, India, quienes el 31 de enero publicaron investigaciones que apuntaban a lo que llamaron similitudes “extrañas” entre el nuevo coronavirus y el VIH, el virus que causa el SIDA. El trabajo fue criticado por científicos de todo el mundo y se retractó rápidamente, pero ya había aparecido en más de 17.000 tweets y fue recogido por 25 medios de comunicación. Otro ejemplo fue una presentación enviada a The Lancet por un investigador británico, quien afirmaba que la fuente del nuevo coronavirus podría estar en el espacio exterior. Y un estudio publicado en línea en el Journal of Medical Virology el 22 de enero provocó una avalancha de rumores de que el brote de la enfermedad de China podría ser una especie de “gripe de la serpiente”.  

 

SEGUIMIENTO A TIEMPO REAL

De entre los proyectos más interesantes surgidos en el marco de esta evolución de la producción científica, el Observatorio de Ciencia, Tecnología y Sociedad (OCTS) ofrece la posibilidad de seguir en tiempo real las publicaciones científicas relacionadas con el virus Covid-19 alrededor del mundo,  las comparaciones de la producción científica entre dos o más países y las colaboraciones entre académicos de distintas nacionalidades.

 

Asimismo,  el OCTS pone a disposición de los usuarios un mapa interactivo que geolocaliza a las principales instituciones iberoamericanas que investigan sobre el nuevo coronavirus y ofrece acceso a sus artículos científicos. (https://www.oei.es/covid-19-ciencia/investigacion).

 

EN ESPAÑA MANDAN ELLAS

En el caso del CSIC, las científicas lideran más de la mitad de los proyectos del  Consejo para investigar el coronavirus SARS-CoV-2, caus

ante de la pandemia de Covid-19. En la Plataforma Temática Interdisciplinar (PTI) Salud Global, el instrumento que el CSIC ha puesto en marcha en respuesta a la pandemia y la crisis sanitaria, 13 de los 25 proyectos seleccionados están liderados o co-dirigidos por mujeres. En el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), de los 16 proyectos para investigar el coronavirus, 9 cuentan con participación femenina destacada. En total, el porcentaje de proyectos liderados por mujeres supera el 50%, dato que es muy superior al de las científicas en todo el CSIC, que se sitúa en el 36%.

Los proyectos incluidos en la PTI Salud Global se centran tanto en temas biológicos para entender la respuesta al virus, como de diagnóstico, búsqueda de tratamientos, inteligencia artificial y política sanitaria. En la plataforma colaboran numerosos grupos del CSIC, pertenecientes a diferentes áreas de investigación, para diseñar y crear herramientas que permitan afrontar la epidemia del coronavirus SARS-CoV-2.

 

 

En el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), por su parte, se están desarrollando 16 proyectos subvencionados por el Ministerio de Ciencia e Innovación. Estas investigaciones están orientadas a desarrollar vacunas, compuestos antivirales y terapéuticos, modelos y medidas para reducir el contagio y disminuir la contaminación, identificación de personas seropositivas, etcétera. “Este destacado porcentaje de liderazgo de investigadoras muestra de forma significativa la elevada calidad científica de las investigaciones que realizan las mujeres en el CSIC; además de su activa implicación y compromiso en contribuir a encontrar soluciones científicas a Covid-19, en estos momentos cruciales y de tanta incertidumbre para la sociedad española y mundial”, señala  Francisca Puertas, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Mujeres y Ciencia del CSIC.  

 


¿Te ha gustado este artículo? Compártelo en las redes sociales: