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Retorno del Plan Nacional por Autonomías. La Financiación de proyectos del Plan se concentra en Madrid y Cataluña

El resultado provisional de concesión de proyectos dentro del Plan Nacional 2019 se publicó hace unas semanas en la página web del Ministerio

  • Alvaro Villarroel

  • Instituto Biofisika, CSIC-UPV/EHU.

El resultado provisional de concesión de proyectos dentro del Plan Nacional 2019 se publicó hace unas semanas en la página web del Ministerio. Se espera una variación en el conjunto de los datos muy marginal cuando la resolución se haga definitiva, por lo que podemos valorar los resultados con mucha confianza. Una primera conclusión es que estamos a niveles de financiación relativa similares a los del 2005, un 25% por debajo de los niveles en relación al PIB alcanzados en 2009. En términos absolutos, se aproxima a las cifras de 2006. 

 

Los resultados en relación al PIB nos permiten valorar la fortaleza del entramado científico de las diferentes comunidades, y las tendencias a lo largo del tiempo nos dan indicios del resultado de las políticas autonómicas. Se distinguen tres grandes áreas: “Ciencias Matemáticas, Físicas, Químicas e Ingenierías”, “Ciencias Sociales y Humanidades”, y “Ciencias de la Vida”. Las modas de dotaciones son 150.000 euros, 78.000 euros y 35.000 euros en cada una de estas tres áreas, respectivamente. Este artículo se centra en las “Ciencias de la Vida”, que a su vez engloba “Biociencias y Biotecnología”, “Biomedicina”, “Ciencias Agrarias y Agroalimentarias” y “Ciencias y Tecnologías Medioambientales”. La media de duración de los proyectos es de algo más de tres años, por lo que se ha considerado el trienio 2017- 2019. Los resultados teniendo en cuenta la dotación de estudiantes revelan que Cataluña y Madrid están en la cima, con un superávit de 45,5 y 39,6 millones en estos tres años, respectivamente (es decir, reciben más de lo que aportan al fondo común que se reparte entre comunidades). En tercer lugar se encuentra Andalucía, con un superávit de 7,1 millones, seguido de Navarra, con un balance ligeramente positivo. El resto de comunidades aportan más de los que reciben, siendo los tres contribuyentes netos más importantes Castilla la Mancha, País Vasco, y Canarias, con una contribución neta de 17,5 millones, 17,4 millones y 16,9 millones respectivamente. 

 

El proceso de concesión de financiación de proyectos de investigación incluye una valoración por pares, que estudia el rendimiento de los grupos y emiten una valoración de la que va a depender la aprobación o denegación de la ayuda solicitada. Por tanto, la tasa de éxito pudiera ser considerada un indicio de la pujanza global de los grupos de cada comunidad. Otro indicio es la dotación per se, aunque su significado es enigmático, ya que depende de una manera misteriosa de la cantidad que se solicita y de la valoración que el grupo ha recibido. La tasa de aprobados se mueve en este periodo en una amplia horquilla, que oscila entre el 24% y 61%, mientras que la dotación media por comunidades oscila entre 148.000 euros a 225.000 euros en Ciencias de la Vida. 

 

Atendiendo al primer indicio, tasa de aprobados, Navarra se coloca en primer lugar seguido de Cataluña (Figura 1). A continuación se colocan, con escasa diferencia, Madrid, Cantabria y Aragón. Según el segundo indicio, dotación media, en cabeza estaría Cataluña, seguida de Madrid, Cantabria y Valencia. Salen de la lista Navarra y Aragón y se incorpora Valencia. Ponderando ambos indicios, la hipótesis más plausible es que los grupos de investigación en Ciencias de la Vida más pujantes realizan sus actividades en Cataluña, Madrid y Cantabria. La aparición de Cantabria en este grupo es remarcable y merece un análisis detallado en algún momento para identificar qué factores contribuyen a este éxito. 

 

 

Tal vez la evolución de los retornos trienales a lo largo del tiempo en relación al PIB proporcione una mejor perspectiva sobre el desempeño de las diferentes autonomías (Figura 2). Dos comunidades destacan sobre el resto, Cataluña y Madrid, que reciben 139 y 134 euros por cada 100 que aportan, resultando en un jugoso beneficio neto. Como se puede ver en la gráfica, Cataluña despojó del cetro a Madrid hacia 2017 (pero si se computan los ingresos por el FIS, la fecha se adelanta a 2015). Andalucía también tiene beneficios, y recibe 109 euros por cada 100. En el otro lado, el de contribuyentes netos, Canarias y Castilla la Mancha reciben 25 euros por cada 100 que aportan. Llama la atención la evolución del País Vasco, un contribuyente neto que tiene una tendencia mantenida a corregir su déficit (Figura 3). Mientras que en 2011 recibía 27 euros por cada 100 que aportaba, en 2019 recibe 53 euros. Es decir, que casi duplica sus ingresos relativos en ocho años. Visto desde el otro ángulo, reduce sus pérdidas en algo más del 40% en este periodo. Otra comunidad que tienden a mejorar es Aragón, que en 2013 recibía 60 euros y ahora recibe 77. La trayectoria de Navarra es espectacular y alcanza el equilibrio en 2019, pero si se tuviera en cuenta los ingresos por la vía del FIS, veríamos que recibe unos 140 euros por cada 100 que aporta (ver Figura 3). 

 

 

Por tanto, Cataluña y Madrid presentan los indicios de calidad más altos, alojan proporcionalmente más grupos con indicios de calidad por encima de la media, tienen el retorno más elevado y sus grupos de investigación están en promedio mejor financiados que en otras comunidades. Aquí surge la pregunta de cuál es la relación causa efecto. ¿Reciben más financiación porque rinden más, o rinden más porque reciben más financiación? Muchos se apuntarán rápidamente a la primera opción, pero les pido que recapaciten. Los datos globales dejan bien claro la relación entre rendimiento y financiación. Muchos grupos reciben unas dotaciones tan reducidas que parece milagroso lo que consiguen. Cuando hay recortes, la producción baja desproporcionadamente en la liga de “la excelencia”. Como decía mi jefe, “el don sin el din son coxxnes en latín”. 

 

Está claro que el sistema actual concentra la investigación en dos comunidades: Madrid y Cataluña. Las bondades de concentrar el esfuerzo investigador en ciertas regiones o la conveniencia de alcanzar un reparto más igualitario requieren un debate profundo, cada cual tiene una opinión en este sentido, y habría que introducir infinidad de matices. Lo que podemos hacer es emplear los datos disponibles para identificar posibles estrategias que resultarían en una foto más homogénea, y luego que cada comunidad haga lo que le parezca. Es evidente que la solución para las comunidades deficitarias es recaudar más, lo que se consigue aumentando la tasa de éxito, la cantidad promedio por proyecto, o el número de proyectos. De los tres parámetros, es el tercero el más accesible a una intervención. Suponiendo que se atraigan a grupos que obtienen un 100% de éxito y alcanzan una dotación media en sus proyectos, Castilla la Mancha, el País Vasco y Canarias tendrían que fichar a unos 85 grupos, Baleares, Galicia y Extremadura necesitarían 47, 38 y 30 grupos, Aragón, Castilla y León, y Asturias necesitan alrededor de 20 grupos, mientras que La Rioja, Murcia, Cantabria y Valencia deberían crecer con menos de 10 grupos en el ámbito de Ciencias de la Vida. Estos cálculos solo cuadrarían si las comunidades más pujantes, Cataluña y Madrid, y, en menor grado, Andalucía, compensaran por los aumentos en otras comunidades.

 

Hay varias opciones que pueden ayudar a crecer a las comunidades. Tal vez la de mayor éxito sea el programa ICREA en Cataluña y el calco del País Vasco llamado Ikerbasque, que es un programa propio para contratar a líderes de grupos de investigación. Sería interesante saber si la mejora en el desempeño en Navarra, y en el de Aragón a partir de 2015, se puede relacionar con alguna iniciativa concreta. 

 

Otra alternativa, técnicamente más sencilla y potencialmente más eficaz, sería reubicar grupos de demostrada valía, con un historial de éxito próximo al 100% y recaudación superior o cercana a la media. Al mover las piezas de un lado al otro de la balanza se alcanzaría el equilibrio mucho antes. La gran ventaja es que, si se trata de servidores públicos, las comunidades tendrían que invertir fundamentalmente en instalaciones, al estar ya sus salarios cubiertos. A efectos prácticos, las trabas administrativas, ese monumento al despilfarro, hace que esta estrategia tenga muy poco recorrido. Los pocos graneros en los que esta estrategia pudiera ser viable son las entidades de ámbito estatal, siendo el CSIC la de mayor envergadura. 

 

 

¿Y dónde se puede ir a pescar a esos perfiles tan interesantes? En la Tabla 1 se relacionan algunos centros ordenados por ingresos. Doce de los 13 Centros de Excelencia Severo Ochoa en Ciencias de la Vida aparecen con su posición marcada en fondo azul. Esta acreditación supone unos ingresos anuales adicionales de un millón de euros, lo que representa tres millones durante el trienio examinado. Llama la atención que ISGlobal, que ostenta esta distinción, no alcanza ingresos suficientes para aparecer en la Tabla 1. Sospecho que esto se debe a que se trata de un entramado con diferentes NIFs, y cada grupo canaliza las ayudas del Plan Nacional por separado sin identificarse a sí mismo como miembro de este Instituto virtual. Parece claro que “dinero llama a dinero”. En algunos casos, esta ayuda duplica a la del Plan Nacional. 

 

 

Estando como estoy en la periferia, recomiendo a las autoridades del País Vasco que inviertan fondos inteligentemente para atraer a investigadores del CSIC, ofreciendo incentivos jugosos, buenas instalaciones, y acceso sin restricciones a financiación autonómica. Es una apuesta ganadora, compatible con el programa Ikerbasque, aunque muchísimo más segura y muchísimo más barata. Otras comunidades harían bien en seguir este consejo. 

 

Por último, hay que tener en cuenta que los cálculos se han hecho por trienios, y una tasa de aprobados del 66% no significa que el 33% de los grupos carezca de financiación. El porcentaje medio de grupos que cada año no dispone de financiación se aproxima a un tercio de esa cifra, por lo que en este ejemplo el porcentaje sería del 11%. En conjunto, todos los años en promedio hay un 17% de grupos de investigación (lo que corresponde a más de 3.000 grupos) que carecen de financiación del Ministerio. Me intriga cómo es posible que funcione un sistema de I+D con más de tres mil grupos sin dotación. Tres mil grupos. Una cifra para reflexionar. 


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