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Recordando a Ángel Reglero (1948-2020)

Ángel Reglero, catedrático de Bioquímica de León recién jubilado, Académico Correspondiente de la Real Academia Nacional de Farmacia y miembro, durante muchos años, de la SEBBM, en la que ha sido miembro de su Junta Directiva, ha fallecido en León el pasado 25 de septiembre. Uno de sus maestros, el Profesor José A. Cabezas, su exdiscípula María Ángeles Serrano y su compañero de estancia posdoctoral, Vicente Rubio, resaltan su legado.

  • José A. Cabezas


  • Mª Ángeles Serrano

  • Departamento de Bioquímica y Biología Molecular, Universidad de Salamanca

  • Vicente Rubio

  • Instituto de Biomedicina de Valencia, IBV-CSIC

 

El zamorano Ángel Reglero cursó brillantemente Ciencias Químicas en Salamanca (1971). En nuestro Departamento y bajo mi dirección realizó su tesis doctoral (1974) sobre la enzima fucosidasa, produciendo su primer trabajo, un clásico que continúa siendo citado. Prof. Adjunto interino en Salamanca, en octubre de 1975 se trasladó al laboratorio del Profesor Santiago Grisolía (su segundo maestro, quien se adhiere a esta nota biográfica) en el Centro Médico de la Universidad de Kansas en Kansas City, donde permaneció un año, realizando entre otros un estudio de la desacilación del acetilglutamato, interruptor alostérico del ciclo de la urea, que sigue siendo de cita obligada. De vuelta a Salamanca, ascendió en el escalafón profesoral universitario de Bioquímica por el procedimiento de oposición de varios ejercicios y sorteo con bolas de temas a desarrollar. Así ganó la Adjuntía y la Agregaduría, que ejerció en su alma mater, Salamanca, y, en 1982, la cátedra, eligiendo la Universidad de León, donde ha permanecido hasta su fallecimiento. Nombrado Vicerrector de Asuntos Económicos de esta Universidad en 1984-1986, periodo de importante crecimiento, fue nada menos que 20 años (1986-2006) Director del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular. Desde su incorporación a León hubo de enfrentar, con ilusión y decisión, importantes retos para dotación y crecimiento, tanto en la vertiente docente como en la investigadora, pudiendo afirmarse que fue el creador real de la forma moderna de este potente Departamento. Su gran energía no permitió que la actividad docente y de gestión mermaran su actividad investigadora, principalmente en el campo de la glicobiología básica o aplicada a la salud (glicosidasas, glicolípidos, sistemas de transporte bacteriano de componentes de glicosilación, ácidos polisiálicos y cápsulas bacterianas) o, en concordancia con la tradición de León, en relación con la producción de antibióticos, e incluso, más recientemente, en el análisis cinetico de enzimas. Es bien reconocido en varios de estos campos, y sus trabajos reciben abundantes citas. De sus doctorandos, Pedro Calvo, Mª Ángeles Serrano, Pablo Hueso, Leandro B. Rodríguez Aparicio y Miguel Ángel Ferrero son Catedráticos de Bioquímica y Biología Molecular, e Ignacio González Bravo es Directeur de Recherche en el CNRS en Montpellier (Francia). Su discípula María Ángeles Serrano es Vicepresidenta y fue vocal de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular (SEBBM). Ángel fue miembro de la SEBBM y de su Junta Directiva, y fue el Presidente y organizador máximo del XXV Congreso de la SEBBM,  celebrado con gran éxito en León en 2002, del que se sentía muy orgulloso, estando entre los congresos SEBBM con mayor asistencia (unos 1000 participantes). También tuvo el honor de ser elegido Académico Correspondiente de la Real Academia Nacional de Farmacia, donde ha sido conferenciante. En el mundo bioquímico español también es particularmente conocido porque fue Presidente del tribunal que hubo de juzgar durante meses, en 2003, por el procedimiento presencial antiguo, consistente en una verdadera oposición, las habilitaciones a profesores universitarios de Bioquímica y Biología Molecular de un número increiblemente grande de candidatos, y que ha pasado a la historia como modelo de rigor y justicia. Se jubiló hace un par de años, y el 25 de Septiembre pasado nos ha dejado como consecuencia de secuelas quirúrgicas, tras un calvario de 60 días en el que nunca perdió el ánimo, rodeado y apoyado por sus tres hijos y por su esposa, Rosario Sánchez Barbero, quien también ha sido su compañera de trabajo toda su vida académica, primero como Secretaria del Departamento en Salamanca, luego secretaria de Santiago Grisolía en Kansas City, y más tarde en la Universidad de León. 

Nota biográfica por su Maestro. Prof. José A. Cabezas

 

Testimonio de su discípula

Todos sabemos que en el trabajo científico prima la objetividad. Debería decir aquí que Ángel Reglero fue mi codirector en una tesis que defendí en 1982 bajo el título Estudio sobre diferentes aspectos del metabolismo de glicoproteínas en diabetes mellitus. Podría añadir que, desde entonces, aún en la distancia física por su cátedra en León, hemos coincidido en tribunales y otros hitos de la vida universitaria. Por supuesto, siempre estuvo ahí para ayudarme, para echarme una mano. Pero me sentiría injusta, tendría la sensación de dejarme en el tintero lo esencial. Sé que voy a transitar el camino de lo subjetivo. No me importa: ahora la objetividad se queda en la poyata. Ahora es el momento de hablar del maestro y del amigo. Aunque sea arriesgado suponerlo, creo que todos me comprenderán –y ay de quien no lo haga-, cuando diga que en Ángel vi el tránsito, el largo recorrido que va del profesor al maestro. Aprendí de él esos intangibles que no aparecen en los libros y no se transmiten con los procedimientos del laboratorio. Su entusiasmo por la ciencia era la mejor respuesta a la pregunta ¿qué hacemos aquí? Se crecía como nadie ante las dificultades y celebraba ruidosa y contagiosamente cada victoria, porque era sabio y muy consciente de que, en la ciencia, a la vuelta de la esquina hay también muchas decepciones. También aprendí de él a apreciar el trabajo en equipo, gran atributo de los científicos humildes. Y ello sin topar con la menor contradicción por el hecho de ser alguien de gran autoridad natural, alguien que llenaba inmediatamente el espacio con su presencia.

 

Su entorno familiar, a quienes ahora dedico mi recuerdo, fue sin duda una parte importante de la argamasa en la que se sostuvo su admirable seguridad en sí mismo.

 

Quiero despedirlo recomendando a los jóvenes científicos del futuro que, si tienen la suerte de encontrar un día a alguien como él, no lo duden, que emprendan este viaje de la ciencia y que escuchen las palabras de Kavafis: 

Y vete a muchas ciudades de Egipto

Y aprende, aprende de los sabios.

 

Mª Ángeles Serrano

Departamento de Bioquímica y Biología Molecular, Universidad de Salamanca

 

Recordando a Ángel

Conocí a Ángel en Kansas City en 1975-1976, como postdoctoral en el laboratorio de Santiago Grisolía. Un año mayor que yo, Ángel podría parecer estar en mis antípodas, pues él casaba con la imagen del funcionario/hombre-de-orden de familia acomodada mientras que yo, barbado y de larga melena, coqueteaba con la contracultura rompedora, tenía una extracción social más popular, y era becario desde los 11 años. Nuestras diferencias de origen, fenotípicas, de extracción social y de carácter no hicieron sino fomentaron nuestro interés mutuo. Nos unía también el ser a la vez deslenguados, intensos, directos, sinceros y apasionados por la regeneración de España, que por entonces se abría a la democracia y nos ofrecía la oportunidad única de trabajar con fuerza por el horizonte de una sociedad abierta, libre, moderna, más racional y, si pudiera ser, más rica. 

 

Su legado para mí ha sido sobre todo ético: el valor del esfuerzo y del ejemplo, y el compromiso apasionado con el desarrollo de la investigación bioquímica en España, con un gran optimismo en el futuro y una visión posibilista de que las dificultades podían ser superadas, incluso en España. Con el argumento y con el ejemplo alimentó en mí la visión de que la historia la hacen los individuos con su trabajo, calidad, ideales y valores, no siendo puramente el resultado del determinismo económico, visión de moda entonces con la que yo tonteaba. Ángel señalaba al Prof. Cabezas y al Rector e investigador D. Julio Rodríguez Villanueva como personas en gran parte responsables del entorno favorable para la investigación en la Universidad de Salamanca. Él desempeñó un papel similar en León, convencido de que las oportunidades hay que buscarlas y atraerlas con el esfuerzo, el compromiso y la utopía. Una utopía, un entusiasmo, un esfuerzo y un afán regeneracionista que le han acompañado toda su vida, siendo ejemplos, además de su apuesta por la Universidad de León, el concurridísimo Congreso SEBBM que organizó en León en 2002, ejemplo en que me basé para aceptar yo la organización del XXXVIII congreso SEBBM de 2015 en Valencia. Ojalá su ejemplo y esta nota de recuerdo contribuyan a que muchos otros apuesten, como Ángel, por la ciencia, el esfuerzo y la utopía, tan necesarios, más aún ahora, en nuestro país.

 

Vicente Rubio

Instituto de Biomedicina de Valencia, IBV-CSIC

 


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