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UN PLAN DE RECUPERACION Y RESILIENCIA PARA LA I+D+I…

  • Antonio Vicente Ferrer Montiel

  • Editor de SEBBM

En el artículo de número de diciembre sobre Política Científica se describieron los PGEs dedicados a I+D+I para 2021 como “Cienciacionales”, intentando destacar su aumento en comparación con los sufridos en la última década. Sin duda, los PGEs de 2021 contemplan un incremento en la inversión en I+D+I tanto a nivel de una mejor dotación de los instrumentos vigentes, en particular el Plan Nacional, como en la implementación de nuevas convocatorias como los proyectos de prueba de concepto y en líneas estratégicas. Sin embargo, los PGEs 2021 no resuelven uno de los problemas que más angustia a los grupos como es el retraso en la convocatoria del Plan Nacional y su consiguiente resolución (actualmente en evaluación la convocatoria 2020). Con la infrafinanciación de los proyectos, este desfase impacta seriamente a muchos grupos al dejarles sin financiación o prácticamente sin ésta durante varios meses. Como parche, junto con las prorrogas, se prevé que los proyectos puedan tener fecha de inicio o bien a principios del año fiscal (i.e. enero) o en el mes de septiembre del año de la resolución. Aunque probablemente no es una solución que satisfaga a todos, posiblemente es una medida que puede ayudar a paliar el retraso en las convocatorias que sufrimos. No obstante, lo correcto es restaurar los plazos naturales anteriores a la crisis y la pandemia y disponer de un calendario estable de convocatorias que permita una mejor planificación de los grupos.

 

Que el presupuesto en ciencia aprobado en los PGEs 2021 sea suficiente es debatible. Aun reconociendo y agradeciendo el aumento, no hay que olvidar que venimos de una década de reducción y estancamiento presupuestario que han tenido un impacto devastador en nuestro sistema de I+D+I, sólo amortiguado por el compromiso, vocación y responsabilidad de nuestros científicos y científicas. Ellos y Ellas han sido capaces de mantener los laboratorios activos con una producción científica de calidad que asombra al resto de colegas internacionales. Muy malo sería continuar con la política científica del Sr. Luis de Guindos, cuando era Ministro de Economía y Competitividad, de “hacer más con menos”. La ciencia de excelencia disruptiva, la que fortalece el estado de bienestar mediante la generación y transformación del conocimiento en productos y servicios innovadores para la sociedad requiere inversiones apropiadas y estables; mas por menos es incompatible con la modernización y competitividad de un país que aspira a ser una potencia internacional. Y para ello requiere una transformación del modelo económico basado en la innovación y la diversificación sectorial que resulte en un modelo más equilibrado económica y socialmente. Sin ánimo alguno de infravalorar ningún sector económico, es claro que todos pueden beneficiarse notablemente de un potente y sólido sistema de I+D+I que sea motor y pilar de innovación, digitalización y sostenibilidad, i.e. que sea la base de un prolongado y sólido estado de bienestar. De nuevo, la inversión en I+D+I (que no gasto…) debe ser una prioridad de nuestro gobierno, independiente de que partido(s) político lo lidere(n). Se hace pues necesario disponer de un Plan Nacional de I+D+I a largo plazo y correctamente dotado presupuestariamente para creernos que la ciencia tiene el valor que sobre el papel se le da, pero que todavía no se ha llegado a materializar. Pasemos del papel todo lo aguanta, a la acción… 

 

Hay que reconocer que la pandemia que estamos sufriendo, además del devastador impacto familiar y social, ha mostrado las carencias de nuestro sistema de I+D+I, aunque también ha desvelado la excelencia y compromiso de nuestros científicos y nuestras científicas por contribuir en la medida de sus posibilidades a resolver el problema sanitario sobrevenido. Sin duda, un ejemplo de solidaridad y responsabilidad. Por ello, el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia propuesto por el gobierno de España debe contemplar un programa de inversión en I+D+I fuerte que use la generación de innovación como palanca para una trasformación económica y social sólida y duradera. 

 

El plan propuesto por presidencia parece que va en este sentido (al menos sobre el papel), aunque habrá que darle margen para ver como se materializa, confiando en que no se quede en una mera declaración de intenciones. Sin duda va a disponer fondos europeos para ejecutarlo en el periodo 2021-2023, esperemos que con proyectos realistas, innovadores y necesarios para transformar y modernizar nuestra sociedad. Dos son los interrogantes que me surgen: (i) que los instrumentos en I+D+I que se propongan para priorizar la inversión estén motivados científica y socialmente, dotados de suficiente presupuesto para alcanzar hitos y entregables útiles, y eviten sesgos políticos; (ii) que alcanzar una inversión cercana al 2% del PIB en el periodo 2021-2023 no sea sólo coyuntural, sino que se mantenga tras el uso de los fondos de recuperación e incluso se potencie hasta el 3% en años sucesivos. Ambos aspectos me parecen esenciales para poder establecer y consolidar una economía basada en el conocimiento que apuntale un bienestar social fuerte para afrontar futuras crisis económicas, sanitarias o sociales. Los científicos y científicas de este país no escatimaran esfuerzos por usar responsablemente los fondos que pongan a su disposición. Si con menos hemos hecho tanto, es difícil imaginar lo que podemos conseguir con los recursos apropiados…

 

 

 

 

 

 

 


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