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Evangelina Palacios. El transcendente vínculo de la Bioquímica

Nació Evangelina Palacios Alaíz en Saldaña, en el corazón de la vieja Castilla. La sencillez de los campos castellanos favoreció que surgieran en su personalidad unas cualidades de prudencia y señorío que le han permitido situarse en el horizonte profesional y humano que le ha tocado vivir. Ha sido proverbial su natural alegre y bondadoso unido a la fi rmeza y seguridad de su carácter que siempre hemos apreciado los que la hemos conocido. Amante de la naturaleza necesitaba a menudo acudir a su rincón natal para hacer acopio de energía en la tierra que la vio nacer. Las tierras palentinas, entre el Cea y el Pisuerga, llanas y hospitalarias le han ofrecido, a lo largo de su vida, la combinación de perfección y serenidad.

  • Dra. María Cascales Angosto

  • Socia de Honor de SEBBM

Hemos sido muy amigas, principalmente porque eran muchas las cosas que nos unían. Las dos éramos doctoras en Farmacia y dedicábamos nuestra vida a la Bioquímica. También nos unía trabajar en el mismo tema de investigación en el Departamento-Instituto de Bioquímica (Centro Mixto CSIC-UCM), creado y dirigido por Ángel Santos Ruiz. Ella pertenecía a la Facultad de Farmacia de Universidad Complutense de Madrid, yo al Consejo Superior de Investigaciones Científi cas. 

 

Nos unía también su carácter participativo, siempre dispuesta a colaborar con entusiasmo y dedicación en cualquier proyecto.

 

Mecanismos de hepatotoxicidad fue un tema de investigación con gran proyección farmacológica, iniciado allá por los setenta por iniciativa de Ángel Santos Ruiz. El objetivo del proyecto era provocar en animales de experimentación diferentes grados de enfermedad hepática y sobre ellos valorar el efecto protector de fármacos.

 

Fue una línea, entonces novedosa, a la que Evangelina se incorporó con grupo propio, y que le permitió conseguir numerosos proyectos de investigación en convocatorias nacionales y extranjeras, publicar en revistas internacionales de elevado impacto, y que muchos de los estudiantes eligieran estas investigaciones para realizar sus Tesis Doctorales, todas con sobresaliente cum laude.

 

 

No voy a extenderme en las facetas docente e investigadoras de Evangelina, porque en estos momentos me parece más oportuno refl ejar aspectos de su personalidad y el por qué de nuestra profunda y sincera amistad. Sin embargo, una de las actividades que voy a comentar es la relativa a los Cursos de Verano de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) en Plasencia (Cáceres), organizados por la Profesora Consuelo Boticario, en los que Evangelina participó durante más de diez años. Sin hacer comentarios sobre las conferencias que fi guran en las actividades del centro, quiero a continuación comentar el aspecto festivo de tales viajes.

 

En estos viajes a Plasencia, algunas veces, nos solía acompañar mi hermana Pilar porque le gustaba conducir y porque le interesaba escuchar nuestras conferencias uniéndose con entusiasmo a los aplausos fi nales. En estos viajes científi co-turísticos, una vez cumplimentadas nuestras respectivas conferencias, disfrutábamos visitando los numerosos monumentos que enriquecen la ciudad y también del mercadillo en la Plaza principal, donde hacíamos acopio de las cerezas del jerte, quesos y jamones tan famosos en esta región. Así que Eva, Pilar y yo regresábamos a Madrid con el coche a rebosar de los extraordinarios productos de aquella tierra extremeña. Ellas congeniaron tanto que Eva a veces, en plan confi dencial, me decía “me hubiera gustado tener una hermana como Pilar”.

 

Otra persona que jugó un papel importantísimo en la vida profesional y afectiva de Evangelina, ha sido Adoración Urrea, bibliotecaria del CSIC. Ante el encargo de una conferencia o un manuscrito, sus conocimientos en informática y su ayuda incondicional resultaban críticos.

 

La verdadera amistad comprende un conjunto de deberes muy gratos de cumplir cuando se ha mantenido a lo largo del tiempo y se siente de manera entrañable. Evangelina ha destacado por una exquisita sencillez, por un afán de compartir y por una admirable calidad humana. Generosa, desprendida, leal y auténtica. Su muerte nos ha sorprendido a todos. Aunque estaba delicada de salud, no nos hacíamos a la idea de perderla. El 15 de enero cuando España se debatía entre la COVID y una tormenta de nieve que nos tenía retenidos en casa, Evangelina nos dejaba. 

 


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