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Mis recuerdos de Richard N. Perham (1937-2015)

Podría decir que simpatizamos en cuanto nos conocimos, pero no fue así. Debió ser hacia 2001 o 2002, en casa de Willy Stalmans, cerca de Lovaina. 

  • Félix M. Goñi

  • Unidad de Biofísica (CSIC, UPV/EHU), y Universidad del País Vasco, Leoia, Vizcaya

P
odría decir que simpatizamos en cuanto nos conocimos, pero no fue así. Debió ser hacia 2001 o 2002, en casa de Willy Stalmans, cerca de Lovaina. Willy era entonces el presidente del Comité de Publicaciones de FEBS, Richard llevaba poco tiempo comoeditor de European Journal of Biochemistry (hoy FEBS Journal) y yo casi me estrenaba como vocal del mencionado comité. Willy tenía entonces una casa enorme, antigua granja reacondicionada con mucho gusto, cuyo vastísimo ático se hallaba «diáfano», como dicen los arquitectos. Allí había lugar para acomodar espaciosamente a la quincena de personas que nos reuníamos en torno a una gran mesa, con mesas auxiliares para papeles (había mucho papel entonces), carpetas y, por supuesto, bebidas y refrigerios de todo tipo de que el matrimonio Stalmans nos proveía con liberalidad. En aquel gran desván nos presentaron, pero Richard era demasiado British, y demasiado Cambridge don para ocuparse de un españolito desconocido. Creo que ni siquiera me dio la mano, y en general me ignoró en esa y sucesivas reuniones del comité en los siguientes dos o tres años.

 

Solo muy gradualmente me fue desvelando los muchos aspectos positivos de su personalidad, y siempre por iniciativa mía, y en respuesta a comentarios o insinuaciones (¡nuncaleadingquestions!) por mi parte. Lo cierto es que para 2006, cuando yo fue elegido para suceder a Stalmans, nuestra relación era ya fluida, y llegó a ser amistosa en los años que siguieron. Hablamos bastante en 2013, en relación con la inesperada, por decir algo, sucesión de Richard al frente de la revista, y el pasado septiembre acudí al Congreso FEBS-EMBO en París para estar presente en el Simposio-homenaje que se le preparó, entre otras cosas, para apaciguar turbulencias pasadas. Habíamos planeado vernos este mes de marzo en Cambridge cuando se desarrolló el episodio de abdomen agudo de origen tumoral que acabó con su vida en breves semanas.

 

Foto St. John´s CambridgeEn la última década de su vida, y sobre todo en 2006-2011, en que coincidimos él como editorde la revista y yo como chairman del comité, Richard dio pruebas sobradas de su devoción por FEBS a través de su entrega incansable a FEBS Journal. La había recibido como European Journal of Biochemistry, en un estado bastante depauperado científica y económicamente. Había sido Ian Mowbray, largo tiempo tesorero de FEBS, quien le había convencido para dirigir nuestra revista. Fueron años difíciles, pues por entonces comenzó a practicarse la idolatría del factor de impacto, por entonces se produjo la eclosión del Open Access, que era incompatible con la idea de una revista como fuente de ingresos, y por entonces comenzaron todas las grandes publicaciones generalistas de bioquímica el lento declive que aún hoy les acompaña. Pues bien, en estas condiciones inclementes se mostró lo mejor de Richard, esforzándose hasta lo indecible en atraer buenos artículos para su revista, recurriendo a menudo a favores personales de los muchos bioquímicos distinguidos que eran sus amigos, atreviéndose incluso (¡con cuántos temores por parte de casi todos, en FEBS y en Wiley, los impresores-distribuidores!) a cambiar el venerable nombre de European Journal of Biochemistry por el de FEBS Journal, que consideraba más comercial. Estos esfuerzos, continuados durante varios años, dieron finalmente fruto al recuperar la revista su estimación en el campo científico, incluso, parcialmente, su factor de impacto, y desde luego su éxito financiero, a pesar de los pesares, como fuente de ingresos para FEBS.

 

La biografía de Richard siguió, en líneas generales, la de tantos otros científicos británicos de su generación. Los detalles se pueden consultar en Wikipedia, o en el artículo que publicó Peter Parham en FEBS Journal en 2013 (FEBS J 2013; 280: 6279). Había nacido en Middlesex, pero su vida académica fue Cambridge en estado puro, y St. John’s dentro de Cambridge. En estecollege fue Richard desde estudiante de primer curso hasta Master. Los que conocen un poco la vida académica inglesa saben que el Master of St. John’s está solo a un peldaño de la divinidad. Allí vivieron, solos, Richard y Nancy de 2004 a 2007, en un casón medieval del que ocupaban habitualmente tan solo la cocina (que doblaba como estudio) y dos habitaciones, originalmente para la servidumbre, a las que habían trasladado un tresillo y algunos muebles de su casa para darse la ilusión de una vida doméstica. Eso sí, tenían un jardinero para ocuparse exclusivamente del Master’s Garden.

 

Richard Perham comenzó su carrera investigadora ocupándose de temas inmunológicos, y sus estudios demostraron, ya en los años sesenta, que las cadenas ligeras de la inmunoglobulina de conejo contenían tanto regiones constantes como variables. Esto ayudó enormemente a comprender la diversificación genética de los anticuerpos. Más adelante se ocupó de problemas de enzimología y de máquinas moleculares, combinando enfoques bioquímicos y estructurales. Su investigación continuó hasta bien cumplida la setentena, cuando ya estaba oficialmente jubilado, en colaboración con diversos colegas americanos.

 

Richard se había casado en 1969 con la canadiense Nancy J. Lane, una zoóloga-bióloga celular del Girton College, que nos ha alegrado muchas veladas con su buen humor y, al menos a mí, me ha ayudado a comprender algunos aspectos de la biología celular de membranas. Nancy y sus dos hijos sobreviven a Richard. Richard, a su vez, sobrevive en la memoria de cuantos le conocimos.


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