A+ A-


JULIO CELIS. Investigador y gestor de la ciencia

«Nuestra obligación es satisfacer las demandas de la sociedad»

Sostenibilidad, recursos e ideas. Sobre esta base pueden construirse iniciativas que no solo influyan en las decisiones políticas, sino que se acaben convirtiendo en líneas estratégicas. Así ha ocurrido con alguna de las propuestas en las que ha participado Julio Celis, una de las personalidades científicas de mayor peso en los últimos tiempos en Europa. Entre sus habilidades se cuentan juntar para una misma causa a actores de signo diverso con el fin de levantar estructuras estratégicas. En esta línea se inscriben el nacimiento del European Research Council o el altamente probable Instituto Europeo de la Salud.

Xavier Pujol Gebellí

  • Xavier Pujol Gebellí

En su trayectoria personal constan un gran número de cargos como dirigente de organizaciones científicas internacionales. ¿Cómo empezó todo?
Como todo el mundo sabe, soy chileno de nacimiento. Como consecuencia de la trayectoria que estaba siguiendo mi carrera científica, en 1978 recalé en la Universidad de Aarhus, en Dinamarca. Con el tiempo, conseguí una plaza como director de departamento en un momento en el que había una excelente conexión con la European Molecular Biology Organisation (EMBO) y con la Federation of European Biochemical Societies (FEBS). A finales de esa misma década empecé a formar parte de distintos comités de ambas organizaciones, lo que me valió para establecer fuertes conexiones.
 
Conexiones que le permitieron ganar presencia.
Por aquel entonces ejercía como investigador en bioquímica pero ya muy implicado en biología molecular. Este aspecto, junto con mi pertenencia a ambas organizaciones, posibilitó que el Gobierno de Dinamarca me propusiera como su representante en el European Molecular Biology Laboratory (EMBL) y en la European Molecular Biology Conference (EMBC). Sin apenas darme cuenta ya estaba en las dos mayores organizaciones de mi campo en Europa.
 
¿Qué le aporta esa doble pertenencia?
En primer lugar, la oportunidad de trabajar con los representantes de distintos países, lo que me permite ver cómo se desenvuelven cada uno de sus gobiernos. Sumándolo todo, pude relacionarme con representantes ministeriales y con científicos de muy diversa procedencia. Aprendí mucho de cómo se organiza y se financia la ciencia en cada país.
 
Cada organización, y por supuesto cada país, eran bien diferentes en aquel momento.
Efectivamente. EMBO era y es una organización de miembros electos, mientras que FEBS lo es de representantes de sociedades científicas de muchos países europeos. En EMBO tenías a los grandes líderes científicos del momento y en FEBS a la ciencia de base. Una excelente combinación que además te acercaba a quienes toman las decisiones políticas en ciencia, los llamados policy makers.
 
Y así hasta que es nombrado presidente de EMBO y secretario general de FEBS.
Así es. Fue entre finales de la década de los noventa y principios de los dos mil. Una época especialmente interesante por el debate sobre la organización de la ciencia que se estaba viviendo en Europa.
 
«La creación del Comité de Ciencia y Sociedad desde la FEBS fue clave. Teníamos que explicar a la sociedad cuáles eran los beneficios de una buena investigación, que la ciencia es por y para la sociedad».
¿Qué destacaría de esos años?
En ese tiempo, el comisario Philippe Busquin propone la creación del Área de Investigación Europea [European Research Area, ERA] con el objetivo se situar la ciencia en el centro del debate económico y político. La comunidad científica, en particular la de ciencias de la vida, decide contribuir activamente al proceso.
 
¿Cómo se materializa esa participación?
FEBS en ese momento dispone de dinero gracias a sus actividades y a una magnífica gestión. En la organización se defienden abiertamente nuevas ideas que responden a la responsabilidad social del científico, es decir, cómo impacta su trabajo en la sociedad. Gracias a este apoyo pudimos tomar un papel más activo en la identificación de prioridades científicas en Europa, en la definición de estrategias políticas y en lograr el convencimiento de los policy makers.
 
¿Qué tiene que ver el dinero de FEBS en eso?
La aportación económica fue clave para lograr la sostenibilidad en la elaboración y puesta en marcha de distintas propuestas.
 
¿Cómo por ejemplo?
La creación del Comité de Ciencia y Sociedad. Teníamos que explicar a la sociedad cuáles eran los beneficios de una buena investigación, que la ciencia es por y para la sociedad.
 
Difícil reto.
Pero había fórmulas. Teníamos claro de que si uníamos fuerzas podíamos conseguir un mayor impacto. Eso suponía trabajar a nivel local, en cada uno de los países, y a nivel europeo para crear algo común y sostenible. Por otro lado, podíamos planear acciones a largo plazo porque sabíamos los recursos disponibles.
 
Y ser proactivos.
Por supuesto. Se consolidó la idea de que FEBS fuera una organización líder en Europa para catalizar iniciativas a nivel local, en cada país, y global, en todo el continente. Gracias al tejido de conexiones pudieron lanzarse iniciativas de apoyo a la ciencia de países del Este, crear órganos consultivos, becas, bolsas de viaje… Se juntaron fuerzas. EMBO, EMBL y FEBS contribuyeron económicamente al mantenimiento de estructuras de debate y gracias a esta acción pudo plantearse la constitución del European Research Council (ERC).

«Los científicos deben ser proactivos»

 

Julio Celis con Joan J. Guinovart (en el centro) y Mariano Gago (a la derecha) en el 27º Congreso FEBS en Portugal en el año 2011. Foto: Archivo J. Celis

Los científicos raramente se meten en política: Los científicos deben ser proactivos en políticas de investigación y salud. Es el momento de pensar cómo gestionar la ciencia del futuro.

Gestionar sin recursos no es tarea fácil: Si la idea es buena y puede convencerse a todo el mundo, el dinero vendrá.

¿Es esta una nueva forma de enfocar la política científica?Tal vez. Basta con juntar científicos con visión y políticos comprometidos.

¿No podría hacerse lo mismo en innovación y políticas industriales? Seguro, pero hay que tener una visión, definir las prioridades para esa visión, elaborar una estrategia y ponerla en marcha.

¿Qué pasa con los Programas Marco, que no trabajan así? Es cierto, no lo hacen, pero no hace falta trabajar siempre con los mismos instrumentos. Tienen su función, debemos ser constructivos.

Así, pues, las claves son continuidad, sostenibilidad, recursos y conexiones.
Pues sí, pero fíjese que esos requisitos, además de la proactividad, son esenciales para cualquier iniciativa que emprenda. Pero aún nos faltaba una cosa.
 
¿Cuál?
Experiencia política. La obtuvimos de la mano de Mariano Gago, ministro de Ciencia y Tecnología de Portugal en varias legislaturas y con excelentes conexiones con la Comisión Europea. Ocurre a menudo que los científicos no sabemos a qué puerta llamar. Gago fue crucial en esa tarea, que, por otro lado, era esencial para convencer a los políticos sobre la bondad de nuestras iniciativas.
 
La Comisión, sin embargo, fue muy reticente.
Dijo no al principio, pero no tardaría en darse cuenta de la fortaleza del movimiento que se había iniciado. A partir de un momento dado, ERC se convirtió en objeto de deseo en el que todo el mundo quería estar. Finalmente, la Comisión Europea tomó el liderazgo.
 

Julio Celis durante una intervención en el ECCO 15 Oncopolicy Forum. Foto: Archivo J. Celis

¿Es esa una manera de influir en política?
Ciertamente, aunque hay que reconocer que los procesos son muy lentos para cualquier iniciativa. Hay que convencer a los estamentos de cada país y luego a los de escala europea. Y a pesar de que las decisiones corresponden a la Comisión, la mayor parte del dinero necesario se encuentra en los Estados miembro.
 
¿Entiende que ERC es ya una estructura consolidada?
Por de pronto, es un muy buen modelo que además está demostrando su utilidad para impulsar la investigación básica de calidad. No obstante, está claro que necesitamos más estructuras que permitan traducir los descubrimientos en aplicaciones, algo que solo puede hacerse por la vía de la innovación.
 
¿Qué estructuras y cómo ponerlas en marcha?
Necesitamos estructuras complementarias, en especial para el fomento de la investigación traslacional. Nuestra obligación es satisfacer las demandas de la sociedad. De ahí que hayamos propuesto, en el seno del programa Horizonte 2020, la necesidad de definir prioridades, establecer objetivos estratégicos, identificar oportunidades y explorar las mejores fórmulas para que todos los actores implicados vayamos a una.
 

Camino del gran Instituto Europeo de la Salud

 

Entre las acciones que planea la comunidad científica enrolada en el área de ciencias de la vida en las que participa activamente Julio Celis, destaca la creación del Panel Científico para la Salud. La propuesta, en la que de nuevo FEBS y EMBO van a desempeñar un papel protagonista, tiene como finalidad marcar líneas estratégicas en investigación biomédica y definir objetivos concretos que sean lo más realistas posible.

El panel, de carácter consultivo, pretende trabajar en estrecha relación con las organizaciones, asegura Celis. La previsión es que, con carácter anual, el panel convoque junto con la Comisión Europea una «gran conferencia» científica que aborde un problema biomédico y sanitario específico para el que puedan definirse prioridades estratégicas, recomendaciones e incluso activar mecanismos de innovación. «El objetivo es consultar todas las partes implicadas para que sea la CE la que impulse medidas políticas concretas.»

El Panel Científico para la Salud abordará todas las enfermedades y sus problemáticas específicas, señala el veterano investigador, quien insiste en la necesidad de acotar el campo de acción «para no diluir energías». «El trabajo que se haga en el seno de este grupo y en las conferencias previstas», agrega, «debe tener impacto en el medio y largo plazos». En el corto plazo, el mero hecho de evacuar consultas con los agentes implicados, alcanzar acuerdos e implicar a actores diversos, va a redundar en un debate en el que «hay miles de investigadores de las organizaciones biomédicas».

En las empresas hay masa crítica y dinero. Nosotros tenemos pacientes e infraestructuras.»

Como resultado, ilustra Celis, va a ser posible trabajar a partir de prioridades definidas por la comunidad científica y por el conjunto de Estados miembro, una estrategia de la que la industria farmacéutica «querrá participar». En las empresas «hay masa crítica y dinero», añade. «Nosotros tenemos pacientes e infraestructuras.»

El paso culminante de esta estrategia, defiende, podría ser la creación de un Instituto Europeo de la Salud «al estilo de los National Institutes of Health» estadounidenses. Su oportunidad la plantea como «la mejor forma» de abordar la investigación en las grandes enfermedades. Algo de lo que no estaría exento el marco regulatorio europeo, especialmente en lo relativo a nuevos fármacos y terapias. «Hay que acelerar el paso de los descubrimientos a las aplicaciones clínicas», sentencia.

El problema, como siempre, es el cómo. Julio Celis sostiene que hay soluciones. Y pone como ejemplo la European CanCer Organisation (ECCO), la iniciativa europea en cáncer a través de la cual se pretende coordinar la actividad de 23 centros de investigación europeos. «Estamos inmersos en la era de la innovación», insiste. A su juicio, implicar de forma coordinada a la industria, los científicos y los estamentos sanitarios podría acelerar la llegada de soluciones al paciente, que es el objetivo deseado. Por el camino, «superar» barreras éticas, legales y regulatorias. Y solventar contradicciones políticas: «Los ministros de Salud e Investigación deben colaborar estrechamente si se quiere avanzar en I+D».

En el horizonte se perfila la creación del Instituto Europeo del Cáncer, una red de excelencia en la que algunas instituciones, indica, ya están «ejerciendo el liderazgo» necesario. Para consolidar y avanzar en la iniciativa «que beneficiará a todos, desde el paciente a la industria», reclama la implicación de los Estados miembro para asegurar una continuidad que facilite nuevas herramientas y aproximaciones terapéuticas, mejorar la transformación de resultados de investigación en producto e incidir en aspectos clave como la prevención.

 

De izquierda a derecha: Liselotte Højgaard (chair del Advisory Group EU Horizon 2020 Societal Challenge 1), Julio Celis, Ruxandra Draghia-Akli (directora de la Dirección de Salud en DG Investigación e Innovación ), Ulf Smith (expresidente de Biomed Alliance) y Mariano Gago (exministro portugués de Ciencia, Tecnología y Educación Superior), durante el encuentro «The future of health research and innovation in Europe: the need for strategic action» (en mayo de 2012) para la creación del Panel Científico para la Salud Scientific Panel for Health. Foto: David Plas


¿Te ha gustado este artículo? Compártelo en las redes sociales: