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La bioquímica es un arma cargada de futuro

La FEBS (Federación Europea de Sociedades de Bioquímica) ha cumplido en 2014 su primer medio siglo de vida. Cincuenta años que han evidenciado cómo contribuir al progreso de un área central de la ciencia desde la base de la comunidad científica y cómo contribuir decisivamente a la organización de la política científica y a planear un futuro que implica a toda la sociedad.

  • Xavier Pujol Gebellí

C
ualquier sistema de ciencia y tecnología, además de recursos, estructuras y talento, debe contar con una buena organización. Y eso es algo a lo que se acaba teniendo acceso si median acciones coherentes en materia de política científica. La sentencia citada podría definirse como apócrifa pero en ningún caso quimérica. Cualquier experto, sea del color que fuere, la firmaría.
 
No hay, en cualquier caso, un único modelo válido de organización. Ni ahora ni medio siglo atrás, momento en que las ciencias de la vida, en su conjunto viven una etapa de transformación que las acabaría convirtiendo en una de las grandes protagonistas de la segunda mitad de siglo XX y de los inicios del XXI. De la mano de la bioquímica, la biología molecular y la genética, además de otras disciplinas afines, se estaba gestando el cambio de velocidad necesario para sentar las bases de la actual biomedicina.
 
Visto desde la distancia, resulta obvio que justo en esos tiempos naciera la Federación Europea de Sociedades de Bioquímica, FEBS. Constituida formalmente en marzo de 1964 en Londres por dieciocho Sociedades de Bioquímica de otros tantos países europeos, su principal preocupación era fundamentalmente científica y hasta cierto punto corporativa. Esto es, cómo favorecer la adquisición de conocimiento y el intercambio de ideas en un área de especial relevancia para el progreso de las ciencias de la vida.
 
Traducido a la realidad, significaba dar cuerpo a una entidad capaz de organizar congresos y reuniones científicas de alto nivel en su área de influencia, la Europa occidental. Como recuerda Israel Pecht, secretario general de FEBS, eran tiempos en los que el Viejo Continente estaba «amargamente dividido» por el Telón de Acero. Mientras la Guerra Fría avanzaba con pleno vigor, en el llamado Bloque occidental se estaba asistiendo al baby boom, el mejor indicativo de recuperación económica tras la Segunda Guerra Mundial, y a un cierto «optimismo social», según coinciden sociólogos que han analizado la época. Sin duda, un buen momento para nacer, incluso como organización.
 
Los conceptos de sociedad del conocimiento o economía basada en el conocimiento estaban lejos de ser acuñados. Y mucho menos lo estaba el de sociedad de la información por más que fue también en esos años que planteaba sus primeros esbozos. A pesar de ello, y sin que nadie llegara siquiera a sospecharlo, se estaba plantando la semilla del futuro. FEBS, como organización, no sería en absoluto ajena al nuevo mapa que se estaba perfilando.
 

De los orígenes a la globalización

Israel Pecht describía hace un tiempo en estas mismas páginas de la revista SEBBM el origen de la organización como una «necesidad» para un sector de la comunidad científica claramente en expansión. A su juicio, aunque en el origen no se podía prever el alcance de la iniciativa, entre los representantes de las sociedades científicas se consideraba que los tiempos eran propicios para ganar cierto peso social.
 
Las actividades fundacionales se organizaron con el objetivo de dar salida a congresos y reuniones científicas de la especialidad en el marco europeo. A estas actividades no tardarían en sumarse cursos y escuelas de verano, además de becas de formación e investigación que con el paso de los años se han ganado un reconocido prestigio.
 
Sin embargo, serían las publicaciones científicas, nacidas prácticamente en paralelo, las que darían el aldabonazo a la Federación de Sociedades Bioquímicas. FEBS Journal y FEBS Letterssupusieron de inmediato el toque de distinción de la entidad. Pero no solo eso. Julio Celis, secretario general de FEBS en los años de cambio de siglo, resalta el papel central de ambas revistas como fuente de financiación estable de la que se acabarían beneficiando muchísimas otras actividades de la federación.
 
«Durante este último medio siglo hemos asistido a cambios rotundamente profundos en Europa», enfatiza Pecht. Dejando a un lado los económicos y sociales, el más relevante de todos ellos en opinión del investigador israelí, es de orden político. El cambio de signo simbolizado por la caída del muro de Berlín y posterior derrumbe de la Unión Soviética obligó a echar mano de la imaginación para adaptarse a la «reconfiguración del mapa» para posibilitar la integración de los países con sistemas de ciencia e infraestructuras menos avanzadas con respecto a la Europa occidental. Esta es, añade Pecht, «la razón de ser» del Grupo de Trabajo de Integración de FEBS, que sigue aportando recursos a estos mismos países a través de sus Sociedades de Bioquímica.
 
El dinamismo, resume Pecht, junto con una «muy cuidada administración» de los recursos proporcionados por las revistas científicas, tercia Celis, han sido «instrumentos clave» en la evolución de FEBS y sus actividades. «El programa de becas para investigación y formación iniciado en 1978 recibió 2,6 millones de euros en 2012», dice Pecht. Otras iniciativas, como la promoción del papel de la mujer en la ciencia, el apoyo a la educación en ciencias de la vida, tanto en pregrado como posgrado, y el establecimiento del Foro de Jóvenes Científicos, completan el portafolio actual de FEBS.
 
Del mismo modo que FEBS se abría a los países del Este de Europa, la reconfiguración del mapa propiciada por la globalización ha favorecido la interacción con otras organizaciones científicas, de modo que podría decirse que el mundo FEBS «se ha globalizado». La Unión Internacional de Bioquímica (IUB; más tarde Unión Internacional de Bioquímica y Biología Molecular, IUBMB), es un socio habitual en las actividades de la Federación. A ella también se han unido la Sociedad China de Bioquímica y Biología Molecular y la Sociedad China de Biología Celular. Asimismo, se han establecido colaboraciones con las Sociedades de Bioquímica de Brasil y de la India, ambos considerados países emergentes desde la perspectiva económica global, lo cual representa que las acciones emprendidas puedan ser consideradas «oportunidades científicas y de inversión» en términos de transferencia.

Mujeres en ciencia

 

 

 

El FEBS | EMBO Women in Science Award consiste en un premio de 10000€ y una escultura diseñada por la artista holandesa Marloes Eerden

 

FEBS se declara «consciente» de los problemas sociales y económicos que son «cruciales para el desarrollo y el bienestar» en Europa. Entre ellas destaca la situación de la mujer en la ciencia y la política científica europea.

Desde la Federación se considera que la presencia de mujeres científicas es desproporcionadamente baja, por lo que insiste en denunciar públicamente una situación que compromete las actividades científicas de Europa y, de modo específico, la carrera profesional de la mujer científico, que se ve truncada por el exceso de limitaciones a las que se ve expuesta.

Entre otras actividades, FEBS contribuye al intento de mejorar la situación con el premio anual Mujeres en Ciencia (WISE), organizado conjuntamente con EMBO (European Molecular Biology Organization) y destinado a las mujeres que constituyen «modelos» en investigación.

 

Influir en política

Como consecuencia de la caída del Telón de Acero, el mapa político europeo sufre una progresiva transformación que se refleja en una Unión Europea constituida como un ente con cada vez mayor número de Estados miembro, al tiempo que creciente complejidad organizativa, lo que para FEBS significa la oportunidad de desarrollar «nuevas orientaciones en materia de política científica».
 
De entre las iniciativas impulsadas, FEBS es central a inicios de la década de los 2000 en los esfuerzos para promover un nuevo sistema de apoyo a la excelencia competitiva en investigación que conduce a la creación del Consejo Europeo de Investigación (ERC, de European Researh Council).
 
La idea original de ERC, aseguraba recientemente Federico Mayor Zaragoza a este periodista, estuvo trufada de dificultades. Mayor Zaragoza participó de forma activa en la definición y defensa de la propuesta inicial en estrecha colaboración con FEBS que, a la postre, estaba siendo el principal impulsor.
 
«La propuesta inicial fue rechazada por la Comisión Europea», recordaba Mayor en esa conversación. Con lo que no contaba la CE es que «los científicos volveríamos a la carga» con nuevos argumentos. Entre ellos, señala Julio Celis en esta misma edición de SEBBM, la mediación de Mariano Gago, ministro portugués de Ciencia y Tecnología. «Sabía a qué puertas había que llamar.»
 
Como es bien sabido, ERC empezó su andadura con un presupuesto exiguo dentro del VII Programa Marco. La dotación económica ha ido ampliándose paulatinamente hasta convertir a este programa de financiación de la ciencia de excelencia en uno de los de mayor prestigio mundial. «Desde la comunidad científica», afirma Celis, «fue posible marcar el camino a seguir a los políticos europeos».
 

Perfilando el futuro

El futuro de FEBS sigue descansando en buena medida en sus publicaciones científicas. A las dos revistas «clásicas», FEBS Letters y FEBS Journal, se han añadido recientemente Molecular Oncology, orientada a la publicación de resultados de investigación básica y traslacional, al tiempo que a plantear debates sobre política científica en un ámbito especialmente sensible; yFEBS Open Bio, publicación electrónica en formato open access como respuesta a la reorientación de parte de las revistas científicas en internet.
 

En la misma línea de apertura a las nuevas tendencias cabe situar los contenidos del Congreso Anual de FEBS, para nada circunscrito en la actualidad a la bioquímica en sentido estricto sino a lo que cabría entender como grandes líneas de pensamiento e investigación que confluyen en biomedicina, alimentación o bioinformática, por citar unos pocos casos. Es en ese marco donde cabe situar la emergencia de nuevas disciplinas y especialidades como la neurobiología, biología del desarrollo y oncología, entre otras, además de todas las ómicas que se están abriendo paso, desde la primigenia genómica a las más recientes metabolómica o transcriptómica. Ello sin descuidar áreas tan esenciales como la biología vegetal e integrando cada vez más la investigación traslacional como motor de desarrollo.
 
Las proyecciones de futuro, defiende Julio Celis, pasan por repensar el papel de los científicos y de las organizaciones en las que se encuadran en clave de política científica. «Los científicos debemos ser proactivos», sostiene. En su opinión, compartida por un número creciente de científicos europeos, el futuro no pasa por desmantelar los Programas Marco que ahora rigen buena parte de la actividad científica, sino por generar estructuras paralelas de excelencia que contribuyan a definir prioridades y estrategias de abordaje. Nuevamente, FEBS aparece en esta fase como protagonista imprescindible.
 
La primera de estas estructuras, y que ya está en fase de arranque, es Cancer Core Europe, que plantea para un futuro inmediato la creación de un Instituto Europeo del Cáncer a semejanza del National Cancer Institute de Estados Unidos. Su finalidad es articular mecanismos de colaboración entre centros de excelencia en investigación oncológica, desarrollar programas colaborativos sobre todo en investigación traslacional y atraer empresas de los ámbitos biotecnológico y farmacéutico.
 
La iniciativa se contempla como el posible embrión de una estructura superior orientada a investigación en salud. Celis lo define como un equivalente a los National Institutes of Health (NIH) estadounidenses. Algo así como una estructura eminentemente científica que marcara las grandes líneas a seguir para el abordaje de las enfermedades de mayor incidencia y peor pronóstico. Las oncológicas, metabólicas o neurológicas forman parte de una lista mucho más amplia.
 
De ponerse en marcha, nadie duda del papel que debería tener la Comisión Europea como autoridad política en materia de salud, pero dejando a la comunidad científica y médica definir las prioridades y las mejores aproximaciones a ellas. Como destacan Pecht y Celis, organizaciones como FEBS tienen en este futuro un papel «más que protagonista». Del mismo modo, evidencian cómo la opinión surgida desde la ciencia puede influir positivamente en política. Reinventando al poeta vasco Gabriel Celaya, bien podría decirse algo así como «La bioquímica es un arma cargada de futuro».
 

La conexión española

Federico Mayor Zaragoza interviniendo en el VI Congreso FEBS 1969 celebrado en Madrid

España ha estado en el origen de FEBS desde sus inicios a través de la SEBBM, la Sociedad científica que aglutina a los bioquímicos y biólogos moleculares españoles. Múltiples actividades, en especial congresos, marcan la relación de la Sociedad en el seno de la Federación europea. Y de esto, tres fechas significativas, por el momento y por las circunstancias que las rodeaban.

La primera fecha, y tal vez la más significativa políticamente, es 1969. Madrid acogía por vez primera en España un Congreso FEBS, lo que suscitó posiciones más que contrapuestas. El clima político, en plena dictadura franquista, no era propicio para un evento internacional de semejantes dimensiones. Fueron muchas las voces discrepantes con la voluntad de celebrar un «acto puramente científico», como defendía Federico Mayor Zaragoza, cabeza visible de la organización del Congreso.

Finalmente, se impuso la tesis de Mayor Zaragoza, que defendía la oportunidad de separar la presión ideológica y política de los intereses puramente científicos. No sin dificultades, lo consiguió. De algún modo, procuró «un oasis de libertad» en un desierto donde las oportunidades de crecimiento científico escaseaban.

Miguel Ángel de la Rosa, chair, inaugura el Congreso internacional IUBMB-FEBS-SEBBM en Sevilla en septiembre de 2012

La segunda fecha corresponde a 1996, cuando Barcelona acoge un nuevo Congreso FEBS. España es considerada en aquel momento una sociedad normalizada políticamente y en crecimiento científicamente, tanto en presupuestos como organización, aunque justamente esos años marcan el inicio de un estancamiento de recursos económicos que se prolongaría hasta bien entrado 2004. No obstante, había fundadas esperanzas en el sistema científico, por lo que el Congreso debía ser recibido como un aldabonazo para su proyección internacional.

La tercera fecha es 2012 y la ciudad es Sevilla. De nuevo un congreso, en esta ocasión marcado por las grandes y emergentes tendencias en ciencias de la vida en las novedosas aproximaciones biomédicas y un punto reivindicativo en absoluto desdeñable. La crisis económica y la austeridad se han adueñado de las decisiones políticas en España y la ciencia sufre recortes de tal calibre que hacen dudar de su viabilidad como sistema. Son fechas en las que SEBBM actúa como altavoz de una reivindicación a la que no dudan en sumarse prestigiosos científicos de la comunidad internacional.

De los científicos y sus organizaciones

Dos grandes organizaciones científicas han compartido espacio, protagonismo e ilusiones en Europa durante los últimos cincuenta años. FEBS, por un lado, y EMBO (European Molecular Biology Organization), por otro. La conexión ha llegado a ser tan intensa, que incluso han compartido máximo representante en la misma persona. Julio Celis, a quien entrevistamos en este número de SEBBM, es este caso. a coincidencia de objetivos generales no significa que se trate de organizaciones ni idénticas ni tan solo similares. Mientras la primera representa a sociedades científicas, la segunda agrupa a individualidades científicas europeas situadas en el territorio de la excelencia. Es decir, líderes científicos con capacidad de influencia en sus respectivos campos de trabajo pero también con notable impacto social y político. El trabajo conjunto o en paralelo de ambas organizaciones debe ser visto en clave positiva, puesto que ofrece la oportunidad de poner al servicio de una misma idea a los científicos que han logrado alcanzar la élite y a la base de la ciencia representada por las sociedades científicas. La mejor manera, a juicio de los defensores de esta línea de pensamiento, de poder influir en quienes toman las decisiones políticas sobre las que se asienta la ciencia

 

 
«En 2014, la FEBS y la EMBO han cumplido cincuenta años. Para celebrarlo, en verano, París y la centenaria Sociedad Francesa de Bioquímica y Biología Molecular (SFBBM) acogió por primera vez un congreso conjunto con las dos instituciones europeas.»

 

 

 

DISTINCIONES FEBS

En el Congreso FEBS-EMBO París 2014, miembros de la SEBBM fueron distinguidos por la Federación Europea. Así, felicitamos a Vicente Rubio Zamora, del Instituto de Biomedicina de Valencia (CSIC), Valencia,  por  la concesión del Diplome d’Honeur, reconocimiento que la FEBS otorga a destacados miembros de la comunidad bioquímica internacional por su trayectoria profesional.  

Isabel Cruz-Gallardo, del Instituto de Bioquímica Vegetal y Fotosíntesis (IBVF, CSIC-US) de Sevilla, se le concedió el premio al mejor póster.  En el FEBS Young Scientists’ Forum 2014 (14th YSF), Michela Candotti, del IRB Barcelona y del Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS),  también fue distinguida por su póster titulado «Urea-unfolded ubiquitin: from NMR to MD simulation».

Asimismo, y como resultado de las elecciones celebradas en septiembre en  París, han sido elegidos como miembros de Comités FEBS (tras ser nominados por las sociedades constituyentes):  Miguel Ángel de la Rosa Acosta, como consejero de Congresos FEBS,  eIrene Díaz-Moreno, como nuevo miembro del Comité de Cursos Avanzados. Los nombramientos son efectivos a partir del 1 de enero de 2015.   


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